12 de agosto de 2009

VIERNES EN LA NOCHE

El viernes pasado fui una fiesta, que organizaba extravaganza y la promocionaba en su página, era gratis. Solo tenias que enviar un mail y anotar las personas que irían contigo. Jonathan, mi amigo, dijo que una oportunidad así no debía perderse por que “era comida y copeta gratis”, no toda la noche. Obvio.

El y su polola se pusieron un abrigo y partimos -al principio yo no estaba muy feliz de ir, venia de haberme tomado unas cervezas en el barrio brasil, aparte me había levantado temprano. Era una mezcla de alcohol y cansancio lo único que quería acostar y dormir hasta bien tarde- como ya es costumbre esperamos la micro bajo la fría noche un buen rato. Por fin paso. Yo a esa altura estaba resignado y como un niño mañoso me fui refunfuñando todo el camino. Nos bajamos y tomamos el metro que para suerte nuestra no iba tan lleno. Lo mas dramático era ir en el metro –enojado aun- mirando las empalagosas demostraciones de amor entre los dos, en mi cabeza pensé: está bien, han vuelto a ser pololos entonces deben de demostrarse todo el amor que se tienen. Están alegres. Pero yo estaba al lado de ellos y no quería ser parte de aquello.

Llegamos aun estaba desierto muy poca gente afuera -por suerte no fuimos los primeros eso hubiera demostrado nuestra poca experiencia-. Conversábamos y una chica muy guapa, vestida con un vestido negro con botas y un escote bastante provocador, dijo: “pasen chicos para que esperen adentro, estamos por empezar” obedecimos – se me olvido comentar que por fuera se veía una casona bastante roñosa, gris casi abandonada-entramos ya la hacerlo todo cambio, había música, iluminación y una pasarela de no mas de 3 metro de largo, nos sorprendimos del regalito que nos tenia guardado la casona. La recorrimos un buen rato tratando de que no se nos notara la cara de primerizos, absorbidos por los tonos de las luces y los beats profundos que sonaban en el fondo. Subimos hacia el segundo piso y nos sentamos en una especie de terraza que al parecer había servido de pista de baile cuando el tiempo era bueno y no hacia el frío calador de huesos de aquella noche. Nos estábamos aburriendo, hacia frío y estábamos cansados, necesitábamos un trago y mover el cuerpo un rato. Hasta que apareció ella, forrada de cuero negro que delineaba su exquisita figura, y dijo en tono de escusa y un notorio acento putifrunci: “hola chicos, abaja están repartiendo unos tragos para que la espera sea un poco menos fome, jejejej”, eso basto para cautivarnos y ganarse el apodo de “gatubela” por el celebrado cuero negro. Bajamos hacia la barra y nos encontramos con una buena cantidad de gente que nosotros no sabíamos de donde había salido, sentados en unos sillones con un cigarro en las manos y el vaso de roncola en la mesa conversaban de arte, diseño y de la vida, una postal que yo adiaba con fuerza .Tipos que se vanagloriaban de lo que sabia, consumían y comían.

Tomamos nuestros vasos y tomamos el primer sorbo que nos hipnotizo de inmediato, ron de aroma y sabor dulce, la rodajita de limón hacia el contraste perfecto. La gente se acercaba a la barra y tomaba los vasos disfrutándolos con una sonrisa gustosa. Se llenaba. La gente empezaba a llegar y la música a sonar mas alto.

1 comentario:

  1. que odiable tu carrete, jajajaja no en realidad no se, pero odio esas reuniones sociales de gente linda que toma ron (pk ni siquiera me gusta el ron), nada como quedarse en la casa con una piscola tocando bateria con el viejo,o dando jugo con las gentes cercanas con unas cervecitas, hablando de nada y de todo a la vez,uh que emocionante es escribir mas de 140 letras! (eso de la bateria con mi viejo es cierto, la ultima vez que fuimos pa mi casa haciamos eso :D, soy media aweona pa salir, lo se,voy solo al bar de rene <3 xD) ya shaolins

    ResponderEliminar