Alguien me dio estas manos, las que vendo por un poco de dinero y que ahora escriben estos versos.
Me dio estos brazos, Los que elevo con el puño apretado en la arenga inútil de mi edad.
Me dio estos ojos, prisioneros del horror de este mundo hambriento de belleza.
Me dio el oído que aún recuerda la voz dulce de mi madre en aquellas noches de terror.
Me dio esta razón carcelera, jueza de mis actos, asesina de mi inocencia.
Me dio la voz que te llama, que pronuncia tu nombre con ternura.
Me dio el olfato, que siente el olor a carroña de las calles.
Me dio estos labios, con los que beso la frente de mi padre que es el regalo más verdadero que puedo entregarle.
Me dio esta risa que dejaré de herencia a mis hijos.
Y me dio esta vida que yo no he pedido.
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